sábado, 11 de enero de 2014
to believe in a day
esta cancion me encanta os la pongo y espero que os guste a mi me encanto y como direis todos es por la niña
la llegada del invierno
La Mara y el invierno
Los Tehuelches o Chonkes, contaban el tiempo por lunas y los años por guanaqueadas. Claro que para llegar a fijar los distintos tiempos, pasaron varios sistemas y formas hasta que lograron establecer el que les pareció más acertado, basándose en elementos naturales, tales como la luna, el sol y los astros.
Cuando no existían las estaciones y los animales hablaban, cuenta una abuela a los niños, que Elal convocó a todos para ponerse de acuerdo en el tiempo de duración de cada estación.
-Mis hijitos necesitan mamar durante tres lunas para poder crecer bien y ser fuertes. Dijo mamá Guanaca.
-De manera que ese tiempo debiera ser el de más sol y de mejor pasto para que las madres tengamos energía y ellos puedan valerse por sí solos.
-También pienso lo mismo. Acotó un Kaikén, estirando el cuello por encima de un Pato Barcino. -Nosotros también tenemos que criar a nuestros hijos.
-¿Desde cuándo los Kaikenes maman? Dijo el alegre Chingolito, saltando a la rama más alta del calafate, mientras atrapaba a un distraído Mosquito.
-Además, habiendo calor y agua, crecerá el pasto del que nos alimentamos y donde podremos esconder los nidos para que los Zorros y los Gatos no los vean.
-Necesitamos frío. Dijo el Zorro, sin hacer caso al Kaikén . Eso nos afirma el pelo, ya que cuando hace calor, empezamos a pelechar.
-Nos moriríamos de frío!Acotó un Pecho Colorado, trepando a una rama de moye para estar mejor ubicado.
-Haciendo una buena cueva en una barranca, no hay frío que valga! Manifestó doña Lechuza, girando la cabeza para ver si alguien la apoyaba.
-¡Eso es! Nosotros los cazadores preferimos el frío y la nieve. En la nieve se puede rastrear mejor y como las noches de invierno son tan largas, podríamos dormir mejor sin que nos moleste la luz del día. Opinó el Puma, de acuerdo a su lógica.
-Si todo el año fuera invierno, muchos nos iríamos para siempre a otros climas más cálidos. Mejor sería que todo el año fuera verano, para no tener que viajar tanto. Acotó el Flamenco que estaba parado en una pata.
-y si fuera mitad y mitad, así nosotros viviríamos más felices con el calor y dormiríamos con el frío. Propuso un Piche, con los ojos entrecerrados.
-Yo propongo, -argumentó la Codorniz-, tres lunas de frío, tres de calor y las otras seis mezcladas.
-¿Cómo mezcladas? Preguntó doña Laucha asomando su naricita entre las raíces de una mata negra achaparrada.
-Claro, después del calor ir mermando de a poco para irse acostumbrando, lo mismo después del frío. Respondió la Codorniz.
Dijo el Piche: -Me parece mucho lío, de esa manera uno no sabría donde comienza uno y donde termina el otro.
Sentenció la Mara: -Veo que el problema consiste en la duración del invierno y habiendo escuchado las propuestas me parece correcto que dure solamente «kaash keégenkon» (Tres lunas), de esa manera estaríamos todos conformes porque...
-¡No, no! ¡Qué sea todo invierno y listo! Interrumpió el Avestruz.
-¡Eso es una barbaridad! -Respondió la Mara resoplando. -¿Cómo se le ocurre que las doce lunas sean de frío? ¡Nos moriríamos escarchados!
-¡Y de hambre! Y si tenemos hambre y frío, no podríamos cantar como nos gusta. Sentenció la Calandria.
El Avestruz impertérrito agregó: -El que quiera calor que se vaya al norte y cuando se canse de disfrutar del sol, que vuelva al sur, donde hallará siempre frío.
-Me parece que la Codorniz tiene razón. Insistió la Mara. -Sería mejor para todos tener un tipo de clima para que puedan florecer las plantas, madurar los frutos, crecer los pichones y durante las tres lunas de frío, descansar en los refugios y jugar sobre la escarcha.
-¡No, no, me opongo! «Jauke ka vrr keéngenkon sheiaik» (Doce lunas de invierno) ¡Qué en el sur sea siempre invierno y en el norte siempre verano!
Entonces uno elige lo que más le guste. Acotó el Avestruz.
-Insisto en tres lunas de invierno, de manera que haya clima para todos y no tengamos que irnos para siempre del sur. Manifestó molesta la Mara.
-No sea porfiada doña Mara... ¡Doce lunas!
-¡No! ¡Tres he dicho! ¡Es lo más justo!
La discusión subía de tono, mientras los demás participantes iban tomando partido por uno o por otro según las argumentaciones de los disidentes.
El Avestruz se iba quedando sin argumento evidentemente y pretendía imponer su porfiada idea gritando su propuesta. -¡Doce lunas! ¡Doce! ¡Doce!
-¡Kaash! (¡Tres!) Decía una vez más la Mara, golpeando el suelo con su mano. -¡No puede ser de otra manera! La mayoría está de acuerdo con mi propuesta.
-¡Jauke ka vrr»» Seguía gritando el Avestruz, cada vez más afónico.
-¡KAASH! Gritó la Mara, dando fin a la discusión con la rúbrica de un manotazo al suelo y no dispuesta a continuar una reyerta sin sentido, dio media vuelta y pretendió entrar a su cueva, pero el Avestruz empecinado en seguir la discusión, la persiguió alcanzando a pisarle su hermosa colita, con tanta mala suerte, que se la arrancó.
Elal, que había escuchado en silencio todas las propuestas, reconoció la razón de la Mara y sentenció:
-Habrá cuatro estaciones de tres lunas cada una, «Shorken» (Verano), «Kápenken» (Otoño), «Sheiaik» (Invierno) y «Ariskáiken» (Primavera).
y así fue, que aunque la Mara desde entonces quedó sin cola y el Avestruz no se curará jamás de su afonía.
por ultimo dejare un video de la leyenda para cmprenderla mejor .
Los Tehuelches o Chonkes, contaban el tiempo por lunas y los años por guanaqueadas. Claro que para llegar a fijar los distintos tiempos, pasaron varios sistemas y formas hasta que lograron establecer el que les pareció más acertado, basándose en elementos naturales, tales como la luna, el sol y los astros.
Cuando no existían las estaciones y los animales hablaban, cuenta una abuela a los niños, que Elal convocó a todos para ponerse de acuerdo en el tiempo de duración de cada estación.
-Mis hijitos necesitan mamar durante tres lunas para poder crecer bien y ser fuertes. Dijo mamá Guanaca.
-De manera que ese tiempo debiera ser el de más sol y de mejor pasto para que las madres tengamos energía y ellos puedan valerse por sí solos.
-También pienso lo mismo. Acotó un Kaikén, estirando el cuello por encima de un Pato Barcino. -Nosotros también tenemos que criar a nuestros hijos.
-¿Desde cuándo los Kaikenes maman? Dijo el alegre Chingolito, saltando a la rama más alta del calafate, mientras atrapaba a un distraído Mosquito.
-Además, habiendo calor y agua, crecerá el pasto del que nos alimentamos y donde podremos esconder los nidos para que los Zorros y los Gatos no los vean.
-Necesitamos frío. Dijo el Zorro, sin hacer caso al Kaikén . Eso nos afirma el pelo, ya que cuando hace calor, empezamos a pelechar.
-Nos moriríamos de frío!Acotó un Pecho Colorado, trepando a una rama de moye para estar mejor ubicado.
-Haciendo una buena cueva en una barranca, no hay frío que valga! Manifestó doña Lechuza, girando la cabeza para ver si alguien la apoyaba.
-¡Eso es! Nosotros los cazadores preferimos el frío y la nieve. En la nieve se puede rastrear mejor y como las noches de invierno son tan largas, podríamos dormir mejor sin que nos moleste la luz del día. Opinó el Puma, de acuerdo a su lógica.
-Si todo el año fuera invierno, muchos nos iríamos para siempre a otros climas más cálidos. Mejor sería que todo el año fuera verano, para no tener que viajar tanto. Acotó el Flamenco que estaba parado en una pata.
-y si fuera mitad y mitad, así nosotros viviríamos más felices con el calor y dormiríamos con el frío. Propuso un Piche, con los ojos entrecerrados.
-Yo propongo, -argumentó la Codorniz-, tres lunas de frío, tres de calor y las otras seis mezcladas.
-¿Cómo mezcladas? Preguntó doña Laucha asomando su naricita entre las raíces de una mata negra achaparrada.
-Claro, después del calor ir mermando de a poco para irse acostumbrando, lo mismo después del frío. Respondió la Codorniz.
Dijo el Piche: -Me parece mucho lío, de esa manera uno no sabría donde comienza uno y donde termina el otro.
Sentenció la Mara: -Veo que el problema consiste en la duración del invierno y habiendo escuchado las propuestas me parece correcto que dure solamente «kaash keégenkon» (Tres lunas), de esa manera estaríamos todos conformes porque...
-¡No, no! ¡Qué sea todo invierno y listo! Interrumpió el Avestruz.
-¡Eso es una barbaridad! -Respondió la Mara resoplando. -¿Cómo se le ocurre que las doce lunas sean de frío? ¡Nos moriríamos escarchados!
-¡Y de hambre! Y si tenemos hambre y frío, no podríamos cantar como nos gusta. Sentenció la Calandria.
El Avestruz impertérrito agregó: -El que quiera calor que se vaya al norte y cuando se canse de disfrutar del sol, que vuelva al sur, donde hallará siempre frío.
-Me parece que la Codorniz tiene razón. Insistió la Mara. -Sería mejor para todos tener un tipo de clima para que puedan florecer las plantas, madurar los frutos, crecer los pichones y durante las tres lunas de frío, descansar en los refugios y jugar sobre la escarcha.
-¡No, no, me opongo! «Jauke ka vrr keéngenkon sheiaik» (Doce lunas de invierno) ¡Qué en el sur sea siempre invierno y en el norte siempre verano!
Entonces uno elige lo que más le guste. Acotó el Avestruz.
-Insisto en tres lunas de invierno, de manera que haya clima para todos y no tengamos que irnos para siempre del sur. Manifestó molesta la Mara.
-No sea porfiada doña Mara... ¡Doce lunas!
-¡No! ¡Tres he dicho! ¡Es lo más justo!
La discusión subía de tono, mientras los demás participantes iban tomando partido por uno o por otro según las argumentaciones de los disidentes.
El Avestruz se iba quedando sin argumento evidentemente y pretendía imponer su porfiada idea gritando su propuesta. -¡Doce lunas! ¡Doce! ¡Doce!
-¡Kaash! (¡Tres!) Decía una vez más la Mara, golpeando el suelo con su mano. -¡No puede ser de otra manera! La mayoría está de acuerdo con mi propuesta.
-¡Jauke ka vrr»» Seguía gritando el Avestruz, cada vez más afónico.
-¡KAASH! Gritó la Mara, dando fin a la discusión con la rúbrica de un manotazo al suelo y no dispuesta a continuar una reyerta sin sentido, dio media vuelta y pretendió entrar a su cueva, pero el Avestruz empecinado en seguir la discusión, la persiguió alcanzando a pisarle su hermosa colita, con tanta mala suerte, que se la arrancó.
Elal, que había escuchado en silencio todas las propuestas, reconoció la razón de la Mara y sentenció:
-Habrá cuatro estaciones de tres lunas cada una, «Shorken» (Verano), «Kápenken» (Otoño), «Sheiaik» (Invierno) y «Ariskáiken» (Primavera).
y así fue, que aunque la Mara desde entonces quedó sin cola y el Avestruz no se curará jamás de su afonía.
por ultimo dejare un video de la leyenda para cmprenderla mejor .
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